jueves, 2 de junio de 2011

The Gories - Outta Here (1992)

 

En la ciudad de Detroit presenciamos las ruinas de la industrialización. De hecho, Detroit se ha convertido en el típico ejemplo para hablar de deterioro urbano, desindustrialización y white flight (término técnico que se refiere a la migración que en dirección a los suburbios emprenden los blancos norteamericanos cuando las cosas se tornan en verdad dificiles). La industria automotriz, que habia sido la base de la prosperidad de la ciudad a comienzos de siglo y había empleado a la mayor parte de los residentes, se fue relocalizando y dinamizando y Detroit comenzó a experimentar una masiva pérdida de población que vino acompañada del inevitable deterioro del paisaje urbano, plagado ahora de cicatrices y estructuras abandonadas.


El desempleo se ha convertido en la constante de Detroit. Según especula  Mick Collins (vocal de The Gories), los habitantes de la ciudad tienen desde hace tiempo solo un par de opciones seguras: abrir una licorería para abastecer a los borrachines que pululan por las calles de la ciudad, o armar una banda y ganarse unos pesos tocando en bares de mala muerte. Tal vez sea esa mezcla de azar y necesidad la que ha dado las condiciones para la emergencia de una escena que en los 80 se convirtió en un segundo hogar para bandas como Black Flag y Dead Kennedys (a partir de los 90 se dio un relevo y el punk dio paso al techno y al hip hop, géneros que en la ciudad también cuentan con sus referentes). Collins no quería terminar en un tiroteo de licorería y a mediados de los 80 decidió reunirse con un par de conocidos para formar The Gories. Como varias bandas de la época, la apuesta del trio era mezclar el R&B con el punk, que estaba por entonces en pleno apogeo. Los Gories dedicaron los siguientes años a tocar para audiencias que en las mejores noches llegaban a 40 o 50 parroquianos; sus presentaciones en vivo eran tan desprolijas que en un par de ocasiones fueron escogidos como la peor banda de la ciudad. En 1992,  después de innumerables complicaciones y en unas condiciones bastante precarias, lanzaron Outta Hear (su último álbum), pero habían llegado a detestarse tanto que decidieron separararse a los pocos días.  


Como suele pasar a menudo (no solo en el ámbito musical), el Outta Hear, aquel afortunado accidente, se convirtió en una pieza de culto a pesar de su pobre bienvenida inicial. Fue una generación posterior, con el juicio que solo es posible cuando el tiempo está de por medio, la que determinó que la música de The Gories no era basura sino que representa una de las primeras oleadas de la segunda oportunidad histórica reservada al garage rock. De nuevo, uno de esos lamentables casos en que los visionarios han entrado y salido por la puerta trasera. Objeto de burla hace veinte años, parece que hoy todos quieren sonar como The Gories (tal como diría un amigo, lo anómico de hoy es lo canónico de mañana). Significativamente, su formación, en la que no aparece el bajo, se ha convertido en algo así como un canon parar muchas bandas de la escena punk y garage underground.




The Gories - Outta Here (1992)

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